El monstruo de la escalera enorme

Manuel Juan Somoza/La Habana

Se encuentra al oeste de La Habana y hay que vencer primero sus múltiples peldaños si se necesita o se puede comprar alimentos en la moneda (usd) en la que no ganan los cubanos, para recibir después el vuelto en caramelos o refrescos.

¿Es esto parte de la solución que proponen los mandantes a fin de sobrepasar la crisis que enfrenta la Nación?

¿No será reiteración de otro remiendo de urgencia, que ni modifica los problemas estructurales que arrastra la sociedad, ni resta fuerza a la guerra silenciosa y maligna que se hace desde el Norte?

Estas preguntas no esperan respuestas oficiales.

Son interrogantes que no alcanzo a despejar, mientras observo el peligroso movimiento de zonas de influencia a nivel mundial, con el trumpismo desatado a diestra y siniestra.

Y me fijo en ese desplazamiento de fuerzas porque incluye a dos aliados de La Habana – Moscú y Pekín- e irremediablemente impactará en la isla mediante nuevos aumentos de los precios del petróleo y de los bienes y servicios que le urgen al país.

¿Trump acepta la multipolaridad?

Llevo días escuchando decir en la televisora RT desde Moscú que Washington habría terminado por admitir el fin de la unipolaridad de signo estadounidense.

Hipótesis a partir de la cual se interpreta la política de Trump de retirar el tradicional apoyo a la OTAN, reiniciar relaciones con el Kremlin y buscar la paz en Ucrania, tomando en cuenta los reclamos geopolíticos rusos.

A cambio, según se dice, EU reforzaría su zona de influencia -América- con la pretensión inmediata de detener el avance de China en inversiones y colaboraciones, así como la incidencia rusa, más simbólica que práctica

El tablero mundial quedaría repartido entre EU, China y Rusia. Estaría por ver el rol de Israel en su región, después de la masacre permitida en Gaza y de la sorpresiva entrada del yjhadismo en Damasco sin disparar un tiro, pese a la permanencia de militares rusos en Siria.

Es solo una hipótesis, pero de concretarse, lo que se le vendría encima a Cuba sería mucho más de lo imaginable hoy, por lo que administrar bien la crisis interna será cuestión de vida o muerte para la soberanía nacional, tenga el apellido que tenga: socialista a la cubana, socialista al estilo asiático o capitalista de estado

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