Coincidencias

Carlos Batista/Barcelona

El mismo día que el flaco y su esposa tomaron en La Habana un vuelo de Air China rumbo a Madrid, el flamante Secretario de Estado, Marcos Rubio, anunció su séptima medida contra Cuba en su primer mes en el cargo: la negativa de visas de Estados Unidos a todo aquel que contrate, estimule, acepte o promueva el servicio de médicos cubanos en otros países.

Era un viaje “luchado” en las colas, los trámites y la espera para la visa de España, para ¡al fin! pasar un mes con el hijo y su familia en el País Vasco y luego regresar a la soledad y al deterioro de La Habana “con las pilas cargadas” por algún tiempo.

Hubo retraso en la salida, y el flaco se acomodó en su asiento para un viaje tranquilo, que él calculó inicialmente en más de nueve horas por el retraso previo. Un tiempo después, a 11 mil metros sobre el Atlántico y sin aeropuerto cercano, oyó un apurado mensaje por la megafonía en un inglés con acento pekinés, difícil de entender. Dos mujeres que viajaban cada una por su cuenta se sintieron muy mal y la tripulación preguntaba si había algún médico abordo.

Médico respetable, que no venerable, pues todavía no está en el equipo  de los viejitos, el flaco miró el silencio y los ojos asustados del resto de los pasajeros. “Tuve que asumir”, me confirmó después.

Y es que jubilado hace unos pocos años, y ya sobrepasando los 70 de edad, el flaco fue médico asistencial, investigador y docente de Salud Pública. Por más de 20 años especialista de reconocido prestigio como salubrista al dirigir uno de los principales programas nacionales del Minsap.  Pero ese día, andaba en plan de “abo”, abuelo.

“Una paciente sufrió lipotimia por hipotensión severa y estuvo inconsciente por largo tiempo, después otra con marcapaso y presión arterial muy alta, una «emergencia hipertensiva”, me contó. Fue difícil, una de las mujeres “se cayó llegando al pantry del medio pues fue a pedir ayuda. Yacía desde algunos minutos en el suelo,  atendida por la indecisa y preocupada, tripulación.

 Pero la tripulación sólo contaba con un esfigmo aneroide, de esos de perita inflable, y para escuchar los latidos con un estetoscopio.  Tampoco sabían medir la presión. “No se oía nada, un pulso filiforme y la bulla del avión lo impedían», recordó el flaco.

Indagaron entre pasajeros, y alguien prestó un esfigmomanómetro digital, con lo que se pudo hacer un diagnóstico y luego a duras penas imponer la medicación. El capitán aprovechó para apretar el acelerador y siete horas y media después de despegar, tomaron pista en el aeropuerto de Barajas, en Madrid.

“No pude dormir nada, pero fue entretenido”, resumió el flaco con humor.

Me he reservado el nombre de el flaco, no porque vaya de clandestino, sino porque por ese apelativo lo conozco desde ya un muy lejano séptimo grado,  en el cual comenzamos una fuerte amistad que ya dura 60 años. Se me perdió de vista un tiempo, pero infaltable asistió sin aviso previo a mi boda en 1974 en Holguín,  y en noviembre pasado celebramos juntos mis 72 años en La Habana.

Pero sobre todo porque forma parte de esa “especie muy especial” de médicos de mi país que hacen de su profesión un sacerdocio socrático y no precisan luces ni escenarios, sino atender sus pacientes y salvar vidas en las difíciles condiciones actuales en la isla. Lo sé porque no es el único médico amigo, y por los médicos de mi familia, los de siempre y los que llegaron después.

Tal vez las dos mujeres a las que salvó la vida, nunca sepan su nombre. Tal vez el muy agradecido capitán chino tampoco. Ni esta historia llegue a las primeras planas y los telediarios.

Pero dentro de un mes, cuando el flaco y su esposa regresen a Cuba, sentirán sobre su piel y su vida los efectos de la medida anunciada por Rubio, que como otras 240 impuestas por Donald Trump en su mandato anterior, y todavía en vigor, están particularmente dirigidas a dañar la vida cotidiana de los cubanos y llevarlos a la desesperación, no importa profesión, edad, sexo, ideologías o religión.

No será muy entretenido, verdad flaco?

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