Manuel Juan Somoza/La Habana
Acabo de pasearme por La Habana de Leonardo Padura que es también la mía, en aquella Cuba de los seis millones de mortales que en pocas décadas retrocederá a esa cifra – no sé si al mismo acontecer-, por la crisis que persiste, la estampida de miles de cubanos y la fecundidad en baja.
La Habana y sus misterios, la de las fritas, preámbulo barato y exquisito del hamberguer, la del guarapo de caña de azúcar y el pan con bistec de res en cada esquina. Gozos de barriga y espíritu desparecidos, aunque espero no sea para siempre.
La de los tranvías, las guaguas de madera y las “enfermeras”, como se le dijo después a los ómnibus ingleses. La de “los polacos” desparramados por la calle Monte,
La ciudad – el país- de las rupturas familiares tras la revolución del 59, de la añoranza por lo que dejó de ser, del alarde arquitectónico de los pudientes, del paradigma de la llamada clase media y del suplicio de los demás
La ciudad que recorre el escritor desde sus vivencias es igual a la mía y al mismo tiempo difiere.
En ocasiones no encuentro algunas de las esquinas de mis recuerdos, con sus policías en uniforme azul y garrotes de madera dura prestos a golpear, los muertos por las calles y la pelea a tiros, una vez más, cuando la gente se cansó de tanto abuso.
Es poca la diferencia de edad que nos separa, pero suficiente para que los recuerdos no sean exactamente los mismos.
Muchas Habanas

Leo cualquier cosa que llega a mis manos a la firma de Padura porque aprendo de su prosa, río con su humor y me hace vibrar su cubanía.
No puedo saber a cuántos lectores atrapará su nuevo acto de magia literaria, cuántos se imaginarán a La Habana a partir de sus reminiscencias o si llegará el día en que alguna editorial del patio ponga esta entrega al alcance de los de aquí.
No obstante, La Habana que describe no es ficción, aunque le falten unas cuantas de mis esquinas por citar. La Habana es una y también muchas, como bien sugiere el enamorado eterno de ese suburbio habanero cada vez más empobrecido que es Mantilla.


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