Falacias

Foto: Brady Izquierdo

Por Jorge Bacallao Guerra/La Habana

Si de mí dependiera, en cada plan de estudio de niños y adolescentes no faltarían asignaturas dedicadas a cultivar las habilidades en el debate y la argumentación, la apreciación del humor, el desarrollo de la creatividad y el aprovechamiento cabal de las oportunidades de permanecer callado y escuchar, antes de opinar sobre lo que no se tiene la más peregrina idea.

Debido a que en nuestra caribeña tierra pulula el homo sapiens discutidor, beligerante y pendenciero, ese ser que encabeza cualquier argumento sobre sea cual sea el apartado con un: «No comas mierda», reviste especial importancia una educación prolija en las técnicas de debate e intercambio de argumentos, para que las generaciones futuras no hagan el ridículo, si alguna vez llegaran a probar suerte, en entornos donde gobiernen la lógica y las normas adecuadas de convivencia social.  

En el ámbito del debate y la discusión, las falacias argumentativas son errores en el razonamiento que corroen la solidez de un argumento. Pueden ser intencionales, utilizadas para persuadir o manipular, o involuntarias, producto de un descuido en la construcción del discurso. Suelen desviar la atención del tema central, apelar a emociones, prejuicios o autoridad en lugar de a hechos y razonamientos sólidos.

Por supuesto que en la vida cotidiana se dan situaciones en las que identificar y comprender las falacias no es de mucha ayuda. Hace unos años yo hacía disciplinadamente una cola para pechuga de pollo rebajada y una señora, utilizando estrategias de despiste y aproximaciones sucesivas, intentó colarse delante de mí. Con mis mejores maneras, le hice saber que lo que hacía no era correcto, y como respuesta comenzó a gritarme. El que más grita no es siempre el que tiene la razón, señora, le dije con mucha compostura. Me respondió que a ella no le interesaba la razón, sino coger pechuga.

Aunque no sean el ungüento de La Magdalena, si se tiene interés en practicar un diálogo ético y honesto, no está de más tener presentes las principales falacias, al menos en apretada enumeración y someramente ejemplificadas. Ahí vamos:

Falacia de la Generalización Apresurada: Consiste en sacar una conclusión general a partir de una muestra insuficiente o no representativa, y por ende, ignorar la diversidad y complejidad de los casos individuales.

«Mi abuelo fumó y tomó ron toda la vida y duró 92 años, así que tan malos no deben ser el tabaco y el alcohol» y «Si naciste en La Habana no puedes ser policía, porque todos los que yo conozco son de Oriente»  son dos generalizaciones apresuradas como castillos. Hay quien seguro dirá: «Mira la cantidad de palabras en latín que ha puesto Bacallao en este texto, el tipo mete tremendo latín». Nada más lejos de la realidad. Es importante que recordar que la gallina piensa que el dueño es bueno hasta el día en que se la come.

Falacia Ad Hominem: Atacar a la persona que presenta el argumento en lugar de refutar el argumento en sí. Se utiliza para desviar la atención del problema centrándose en características del argumentador irrelevantes para la ocasión.

«Las críticas que hacen los periodistas de los medios independientes son inaceptables porque esos medios reciben fondos de los americanos» o «todo lo que dice ese sapingo es mentira porque nunca se ha pronunciado en contra de que haya presos políticos» son dos ejemplos calenticos, calenticos. También tenemos a los que decían que no sentían la muerte de las cinco personas que fallecieron en el minisubmarino que bajó al Titanic porque eran millonarios practicando una actividad riesgosa, como si por ser muy rico la vida valiera menos. Si alguien sabe a partir de que cantidad de dinero uno empieza a volverse hijo de puta, me interesaría muchísimo el dato.    

Falacia de la Causa Falsa (Non Causa Pro Causa): Consiste en asumir una relación causal entre dos eventos sin evidencia suficiente, confundiendo correlación con causalidad.

Una vecina en bata de casa y chancletas de metedeo y con medias le dice a la de la casa contigua: «Oye, desde que se mudó para la cuadra la familia de Las Tunas se han empezado a desaparecer los gatos, saca tus propias conclusiones».

Muy parecida pero sutilmente distinta es la falacia Post Hoc Ergo Propter Hoc que estriba en el presupuesto de porque un evento ocurrió después de otro, el segundo fue causado por el primero. También confunde correlación con causalidad: «El Toque es el que sube el dólar, porque desde que empezó a publicarlo no ha dejado de subir».

Falacia de Apelación a la Tradición (Argumentum ad Antiquitatem): Es afirmar que algo es correcto o mejor solo porque se ha hecho durante mucho tiempo, ignorando que la tradición no siempre es sinónimo de validez.

«La calidad de cualquier reguetón está probada porque de toda la vida las cosas que le gustan a tanta gente, tienen que ser las buenas» sin reconocer que a las ejecuciones públicas en la antigüedad asistían multitudes, igual que a los actos de repudio.

Todavía hay gente muy culta que le dice a los niños como le decían a ellos: «Sale de la ventana que hay tremenda corriente de aire», «no andes descalzo, que está tronando» o mi preferida: «No te eches para alante, que la cabeza pesa más que el cuerpo».

Falacia de la Pendiente Resbaladiza (¡Ah caramba! ésta no tiene nombre en latín, ¡que pérdida de glamour!) Se basa en sugerir que una acción llevará a una serie de eventos negativos sin proporcionar evidencia.  
«Si permitimos que se firme el código de familia, pronto la gente va a querer casarse con animales, y te van a quitar los niños para ponerles películas porno». Por supuesto, asume una cadena de consecuencias sin fundamento lógico.

Falacia de Apelación a la Autoridad (Argumentum ad Verecundiam, esta sí tiene latín, regreso triunfal)
Ocurre cuando se usa la opinión de una autoridad o figura respetada como prueba de un argumento, incluso cuando no es un experto en el tema, obviando que la autoridad no siempre es relevante o infalible en todos los temas.

En este caso, es bastante común en el discurso oficial cubano justificar con alguna frase de Fidel cualquier medida o acción gubernamental que esté siendo criticada. Fidel dijo que con la Revolución Energética se podía decir el día y la hora del último apagón, y que «llegará el día en que las frutas, los vegetales, hasta la leche se distribuirá gratuitamente a todo el pueblo»; aunque era un excepcional político, en ambas predicciones le faltó un tin de exactitud.

A cada rato uno se topa con una frase célebre de Morgan Freeman o de un repartero asumida como si fuera ley de vida por sus valedores. Me parece a mí que si vas a atesorar algo de Morgan Freeman debería ser una actuación, y de un repartero un tema bien popular, pero coño, frases célebres no. Es como atesorar como paradigma un video de una bronca de Mahatma Ghandi o una carta de amor de Josef Mengele

Tenemos también la Falacia Apelación a la Emoción o Argumentum ad Populum
que aprovecha emociones como miedo, compasión u orgullo en lugar de hechos o razones para persuadir. «Yo no entiendo a toda esa gente sacando pasaportes españoles a troche y moche. Si Antonio Maceo viera eso le da una cosa». Aquí evidentemente se manipulan emociones en lugar de presentar argumentos sólidos.

Todavía quedan muchísimas más falacias sin mencionar, pero no quiero dejar de referirme a la Falacia Tu Quoque, que consiste en desviar la crítica señalando que el crítico también es culpable de lo mismo, para desviar la atención sin refutar el argumento. Ayer mismo le señalé a mi esposa que en lugar de pan podría comerse algunas galletas integrales de arroz inflado, que eran más sanas y me contestó: «Mira quien habla de dieta sana, el que la semana pasada bajó un naylon de galletas de soda con mayonesa a las dos de la mañana». 

En fin, que identificar y comprender las falacias es fundamental para evaluar la validez de los argumentos propios y ajenos, así como para fomentar un diálogo constructivo y basado en la lógica. Y bueno, para manipular también un poco cuando haga falta, pero solo un poco y por causas justas. Que no se diga que no somos personas decentes.

(Tomado de La Joven Cuba)

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