Manuel Juan Somoza/La Habana
El periodismo es una profesión bella, mal pagada y riesgosa lo mismo en Estados Unidos que en Cuba o en la apacible Finlandia. Y si se es corresponsal de prensa extranjera en La Habana, esa práctica necesaria y universal tiene connotaciones especiales en este lado y en el otro de la acera.
“Esto es del carajo, los de aquí piensan que uno es agente de la CIA y los de allá te acusan de ser de la Seguridad del Estado”, solía decir Victorio M. Copa, uno de los cubanos que terminó sus días como destacado corresponsal en la isla de la Agencia Alemana de Prensa.
Historias personales en la comunidad de prensa extranjera aquí hay por decenas. Están, entre otras, las del español Mauricio Vicent (El País), la del mexicano Gerardo Tena, de la Agencia Francesa de Prensa, y la del uruguayo Fernando Ravsberg, quien llegó a ser representante de BBC, de Telemundo Network Group y bloguero en Cartas desde Cuba.
Tena, quien daba a sus notas un toque de imaginación desafiante, finalizó mal visto por las autoridades y Vicent padeció lo mismo en primera instancia, hasta que pasado un tiempo retomó sus crónicas filosas sobre el acontecer local, escribiendo en La Habana, desde donde todavía lo hace Ravsberg en nuevos espacios, después de muchos golpes recibidos desde dentro y desde fuera del país.
El riesgo de informar
Informar nunca satisface a todos los mortales. La vida es la suma de muchos caracteres y conductas. Es la conjugación de buenos, regulares, malos, y de los otros: los que se alimentan y gozan con el brete y la ponzoña. La cotidianidad es la pelea eterna entre los que mandan y obedecen, o deberían obedecer.
Y ahora le ha tocado el turno a la Associated Press, castigada en Washington por no alinearse con el bautismo trumpista del Golfo de México.
Circunstancia puntual que aprovechan los propagandistas de Miami, la llamada “capital del exilio cubano”, a fin de pedir que rueden las cabezas de las gentes que desde Cuba informan para esa agencia global de noticias estadounidense, no importa la nacionalidad que tengan, la profesionalidad o la honestidad con que lo hagan.
Es así este oficio, los tiros llegan de cualquier parte, aunque la vida transcurra formalmente en paz. Cada actor quiere que su verdad impere.


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