Por Joel Ernesto Marill/La Habana
En días recientes ha renacido el debate en las redes digitales cubanas sobre la necesidad o no de emprender o profundizar reformas económicas en el país.
Un argumento cada vez más repetido, defiende un rechazo a discutir sobre cualquier tipo de reformas económicas, implicando que todo aquel que promueva la discusión entorno a dicho proceso está impulsando o ayudando a impulsar una agenda de restauración del capitalismo en Cuba. Mi opinión es que ese es un razonamiento no solo falso, sino sumamente perjudicial para el futuro de nuestra patria.
Un argumento que suele emplearse en esta discusión es que en Cuba no hay necesidad de reformas económicas, que las razones de la situación económica en Cuba son debido a la escasez crónica de insumos productivos, desde divisas, combustibles, energía etc. Y eso, aunque es cierto, solo refleja la forma más superficial del problema.
Esta es una tesis que no solo obvia, sino que directamente esconde las deformaciones estructurales e institucionales, que de conjunto a las sanciones norteamericanas y la compleja situación internacional dan forma a la crisis económica que vive nuestro país.
La tesis de la escases de recursos nos lleva a un razonamiento circular: no producimos porque no tenemos recursos, y no tenemos recursos porque no producimos. Y no es falso que ese círculo vicioso existe y esta golpeando fuertemente a la economía cubana. Sin embargo, planteada así la cuestión, parece que la solución caerá del cielo.
La discusión sobre las reformas económicas es una discusión sobre el punto de quiebre de ese círculo vicioso: ¿Cuál es el conjunto de transformaciones que es necesario emprender para con lo que tenemos hoy, tener más mañana, y mucho más pasado?
O, dicho de otra forma: ¿Cómo convertir el circulo vicioso, de baja producción que nos lleva a escasez de recursos, que induce a una mayor caída de los niveles productivos, en un círculo virtuoso de crecimiento económico sostenible e inclusivo?
Una discusión realista sobre transformaciones económicas también implica reconocer los limites objetivos de la realidad: incluso diseñando la reforma perfecta, las condiciones económicas de Cuba son sumamente complejas y acelerar el ritmo de la recuperación económica puede demandar altos niveles de ayuda externa. Una discusión sobre transformaciones económicas es también una discusión sobre cuanto podemos hacer por nosotros mismos, y cuanto objetivamente necesitaremos de otros.
Yo entiendo en algunos compañeros, en un escenario nacional complejo y polarizado, el rechazo a algunas ideas, en un debate como el económico donde las líneas entre argumentos científicos e ideológicos pueden llegar a ser borrosas. Pero responder con un intento de clausura del debate, y enjuiciamiento político a otros compañeros valiosos, no creo que sea para nada la solución.
Discutir sobre relaciones de mercado en el socialismo, la reforma de la gestión de las empresas estatales, el mercado cambiario, o modificaciones en el sistema de dirección de la economía, por solo nombras algunos tópicos, no implica una traición a las ideas del socialismo. Por su parte, no reconocer los problemas que en dichos temas enfrentamos, y la necesidad de su transformación, si implica un flaco favor a la resistencia que está llevando adelante el pueblo de Cuba.
Cerrar la puerta a discutir sobre reformas económicas en Cuba, implica aceptar que la realidad que enfrentamos esta fuera de nuestro alcance transformarla, y confórmanos con gestionar de la mejor forma posible el escenario de escasez crónica que enfrenta el país. Supongo, hasta que la solución aparezca mágicamente. Yo rechazo, en tanto falaces y antipatrióticos, ambos argumentos.
En Cuba hoy no solo nos estamos jugando el socialismo, nos estamos jugando el proyecto histórico de la nación cubana. El proyecto de que Cuba es y puede ser una nación libre, soberna, independiente y al mismo tiempo prospera. Los compañeros que actúan en las redes y medios como policías de cualquier debate, le están haciendo en el fondo mucho daño a ese proyecto nacional.

El gráfico que se adjunta muestra la dinámica de las exportaciones en Cuba desde 2010.
En el periodo pre-crisis 2012-2019 la economía cubana experimentó un lento pero constante decrecimiento de sus exportaciones. Esa es la antesala de la crisis económica que vivimos hoy. Cuando comparativamente teníamos recursos externos, y los procesos que llevarón a tendencialmente perderlos.
Si hay un lugar por donde profundizar la discusión sobre deformaciones estructurales y reformas económicas en Cuba, es justamente por ahí.
(Tomado de Cuba y la Economía)


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