Hay que agradecerle a Trump por dejarlo todo claro

Manuel Juan Somoza/La Habana

Donald Trump gobierna de la misma manera que habla: mucho y en todas direcciones, sin que importen amigos, enemigos o asociados. Estados Unidos “primero”, lo ha dicho y está cumpliendo.

Desde su llegada a la Casa Blanca comenzó a desmontar pieza a pieza la narrativa predominante en el planeta, que insistía en la “importancia” de la democracia, la libertad de expresión y los derechos humanos.

Han sido esos los valores que nos han vendido con insistencia particular después de la Segunda Guerra, sin que pareciera importar a igual o mayor escala otras realidades devenidas plagas como el hambre o la miseria.

La democracia era la meta luminosa de la humanidad, según nos insistían con persistencia machacona los patrones de este mundo inmundo. No obstante, Trump, en muy pocos días de gobierno, ha echado por tierra el paradigma.

¿Libertad de expresión?

La agencia de noticias global AP, estadounidense para más señas, ha sido castigada por no alinear sus informes al bautismo trumpista del Golfo de México. Sí, al que ahora hay que nombrar Golfo de América, es decir de EU, si se quiere seguir con vida.

Y pocos días antes, el gobernante descubrió lo que muchos países padecieron: la USAID era un engendro macabro para tumbar gobiernos que no convenían al Norte. Gastaba demasiado y era como una especie de quinta columna mediática de sus enemigos, los del partido Demócrata, en la justificación del Salón Oval.

¿Y Gaza, la destrucción y la matanza impávida?

Pues ese pedazo de tierra palestina debe pertenecer a EU “sin costo alguno”, en el decir del presidente, para reconstruirlo y “hacerlo un lugar bonito”, mientras sus habitantes son repartidos por cualquier parte. Lo demás no importa.

Quizá tenga en mente el mandatario usar a los palestinos como pioneros en la conquista de Groenlandia que proyecta. Quién sabe, todo es posible cuando se desatan el poder geopolítico y el gran capital al mismo tiempo.

Puede ser también que estemos ante una adecuación trumpista de ese término tan manido que se denomina derechos humanos, utilizado como vara para medir a los países ingratos con el Norte.

Los que mandan

Los imperios han existido, conquistado e impuesto su visión del mundo desde que nuestros antepasados superaron los tiempos de las flechas y las cavernas.

Dejemos a un lado la ingenuidad. La democracia, la libertad de expresión y los derechos humanos que nos quieren imponer ahora son conceptos tan o más fétidos que los que nos vendieron después de la Segunda Guerra.

O al menos yo lo veo así desde Cuba, que lleva más de medio siglo rechazando esos “valores” que igualmente le quieren imponer.

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