Cuba,Trump y el caos  

Manuel Juan Somoza/La Habana

 Quizá por la cercanía a Estados Unidos o por la contradictoria historia compartida; a lo mejor se debe a que de allá llegan las sanciones y presiones económicas, y hasta los frentes fríos, pero el hecho cierto es que desde que Donald Trump asumió el mando del país norteño absolutamente nadie en Cuba ha dejado de seguir sus pronunciamientos  y sus múltiples acciones.                                                                            

«Ese es su estilo, ir creando caos mediático y después sacar provecho «, comentó una amiga residente allá y al escribir esta nota pienso que ese razonamiento encierra una de esas verdades absolutas que muy contadas veces se escuchan en el planeta.                                                                                             

Con declaraciones altisonantes e hirientes, Trump pone en guardia hasta a los aliados estratégicos del país norteño -la OTAN entre ellos- y lleva a posiciones extremas a aquellos países clasificados como «enemigos» en esta región:  Cuba, Venezuela y Nicaragua entre ellos.   

   No sé cuál será el ambiente en otras lugares, pero aquí lo que dice y hace el nuevo mandatario es asunto de comentario y sufrimiento adicional cada hora del día.                                                               

Lo mismo en una larga fila de autos y automovilistas a la espera de poder comprar un poco de gasolina, que en cualquier reunión familiar, se cuente o no con luz eléctrica por los apagones sistemáticos que padece el país, entre otras razones debido a esa guerra nunca oficialmente declarada por EU desde hace casi 70 años.

              Ejercicios militares y noticias falsas                                                                                                          

 Cuba lleva casi medio siglo preparándose para responder a una invasión directa de EU, que hasta ahora no ha ocurrido. Eso implica movilización de recursos financieros y materiales, entrenamiento de la gente, incluida la población civil, y rutina cuando el tiempo pasa sin que se cumpla el ataque.

El mismo día que Trump asumió la presidencia comenzó en el país caribeño un ejercicio militar que arrancó con el entrenamiento en el uso de armas y explosivos de estudiantes universitarios, continuó con la coordinación entre los mandos militares y políticos en cada municipio y el sábado 25 de enero finalizó con una maniobra de alcance nacional entre ejércitos y civiles.

Para algunos «es una pérdida de tiempo y de recursos en medio de una crisis en la que no alcanzan ni la comida ni los medicamentos». Para el presidente Miguel Díaz-Canel es una acción «oportuna y en tiempo real», porque la Nación «está bajo agresión», aunque no haya sonado un tiro.

Y en ese contexto suman también quienes comparten el punto de vista del gobernante, ponen sus penurias diarias en pausa y se entrenan en el lugar que les correspondería ocupar de consumarse una agresión.                                                                                                                                Así van las cosas por la acera de este lado, que está experimentando además un vendaval de noticias falsas que corren por las redes.                                                                                                                           

Hace pocas horas se informó de un destructivo -e inexistente- terremoto en el oriente y desde hace cuatro días se insiste en otra «orden ejecutiva» que prohibiría los vuelos directos entre los dos países, el envío de remesas , y que anuncia hasta sanciones a los cubanos residentes allá que viajen a la isla a visitar a familiares o amigos, si entraron a la Unión como exiliados o mediante el «parole», ese procedimiento migratorio puesto en práctica por Joe Biden y ya anulado por Trump.                                 

«Por ahora es una noticia falsa», ha dicho la cancillería cubana. Pero el «por ahora» deja entrever el momento que se vive aquí y allá.                                                                                                                                  

Todo esto se suma a la cotidianidad de un país que subsiste con la soga de las sanciones apretando el cuello, mientras el flamante secretario de Estado de EU, Marco Rubio, dice que solo haría falta «un empujoncito» para terminar con el proyecto social puesto en práctica en Cuba tras el triunfo de la revolución en 1959.                                                                                                                                       No puedo imaginar cómo se interpretará fuera de la isla el panorama que he intentando resumir, pero lo cierto es que aquí crece el temor de ocurra lo peor, en el momento más crítico que haya vivido la Nación en los últimos sesenta y tantos años.                                                                                                 

No soy adivino. Sin embargo, si alguien me preguntara qué pienso que ocurrirá mañana respondería:   lo mismo que ayer, muchos seguirán buscando la manera de sobrevivir en medio de la crisis económica, en tanto los comprometidos con el proyecto de la revolución seguirán organizándose para responder a lo que venga , incluida una ocupación militar.                                                                          

No creo que sea suficiente el «empujoncito»

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