Numancia, Trump y David

Carlos Batista/Barcelona

Hace ya 35 años, cuando la desaparición de la Unión Soviética y del llamado Socialismo Real, Cuba quedó solitaria frente a Estados Unidos, en medio de la mayor crisis económica de su historia, que Fidel Castro bautizó como Período Especial en tiempos de Paz, del que nunca logró emerger.

Fue entonces que el jefe del Gobierno de España, Felipe González, reprochó a Fidel el “espíritu numantino” con que encaraba la situación, en referencia a Numancia, la ciudad celta que tras 15 meses de asedio romano, que provocaron una epidemia de la peste y hambrunas en el año 133 antes de Cristo, su población prefirió el suicidio y quemar la ciudad, antes de entregarse a los romanos.

«Preferimos Sagunto y Numancia a ser esclavos», le respondió Fidel tras agradecer el interés de González.

Recordé la anécdota esta semana, tras el regreso de Trump a la presidencia de Estados Unidos y de Cuba a la lista de países que patrocinan terrorismo, tan solo una semana después de ser eliminada. Quizás el peor panorama que debe enfrentar la isla en 65 años.

“No nos van a desviar del rumbo socialista, del empeño en recuperar la economía, de fomentar la mayor solidaridad, creatividad, talento, espíritu de trabajo, y de defender como un bastión inexpugnable la libertad, la independencia, la soberanía y el privilegio de construir un futuro sin injerencia extranjera”, respondió el gobierno actual de Cuba en una declaración oficial.

El espíritu del texto podría ser reprochado de numantino por aquellos que opinan que es la hora de la rendición. Otros, sin embargo, aprueban la resistencia, pero piden valor político y decisión para emprender verdaderas reformas que levanten la muy deteriorada economía y revitalicen la triste y lamentable situación social.

“Tenemos que hacerlo, aunque no nos dejen”, dijo en un reciente artículo el profesor Juan Triana, pues “sin crecimiento no habrá desarrollo posible, ni reducción de la pobreza, ni mejora de la equidad”.

“Estamos mal, es muy cierto, pero podemos ir bien. No tenemos que esperar a que ‘nos dejen hacerlo´ tenemos que hacerlo, aunque no nos dejen”, subrayó.

Frente a Trump, como frente a Goliat, no hay que inmolarse ni rendirse, hay que regresar a Martí, a la maniobra sabia, valiente y con puntería, pues “viví en el monstruo y le conozco las entrañas y mi honda es la de David”.

Deja un comentario