Ya no somos terroristas

 Por Jorge Fuentes

El gobierno de los Estados Unidos de América, seis días antes del cambio presidencial, nos ha eliminado de la lista de Países Patrocinadores del Terrorismo, donde nunca debimos estar y ellos lo saben. Es decir, saben y sabían que se trataba de recrudecer las sanciones existentes contra el socialismo cubano o «el régimen», como ahora gusta decir a algunos. No es la eliminación de todas las sanciones, pero creo que es un paso importante, sobre todo como señal de lo posible en el futuro –me refiero al bloqueo–. Sólo que seis días antes, puede entenderse como una burla si el próximo presidente tiene la autoridad, al séptimo día, de derogar la decisión. 

 No queda lugar a dudas de que la medida forma parte de los deseos de los demócratas en el poder  (por los próximos seis días), de contradecir, de entorpecer la gestión o los deseos de la nueva administración, que asume su responsabilidad el próximo día 20. Nadie sabrá (si no lo dice o lo dicen) si Biden tenía o no el plan de eliminar tal restricción en su segundo período frustrado, ni tampoco si la señora Harris iba a hacerlo, en caso de salir. Pero si así fuera, en el caso de Biden, no estaba, al parecer, dispuesto a arriesgar el voto de la Florida con tal medida en el primer periodo. Recordar que el cambio de Obama vino al final de su mandato, para dejar un legado que no permitieron que durara mucho y que fue aplastado por la misma administración que tendrán dentro de seis días. 

 Para entrar en polémica, lo cual es muy fácil entre nosotros, a mi me gustan más los republicanos. Con ellos las cosas siempre han estado claras: «…vayan a las trincheras, porque vamos a atacarlos.  No esperen nada de nosotros, somos enemigos». Los demócratas me parecen veleidosos. Mandan delegaciones culturales, organizan eventos deportivos, contactos entre ciudadanos, pero terminamos con la Batalla de Playa Girón o la Crisis de octubre y, definitivamente, tampoco hacen nada por la eliminación del bloqueo, que es el asunto principal. 

Sin embargo, habría que ver qué va a hacer el presidente Trump a partir del 20, no sólo con Cuba, en general con su política exterior, Marcos Rubio mediante. Todo tiene conexión en el mundo global y al mismo tiempo están los cortocircuitos del multilateralismo, avanzando como la arena del desierto. 

 A los cubanos, acostumbrados a la lucha, no nos queda de otra que continuarla y lograr, sobre todas las cosas, aumentar el nivel de vida de los más pobres y débiles a toda costa, y recuperar, también a toda costa, el mínimo básico de los servicios de salud y educación, muy deteriorados. El estado y todos los ciudadanos, el pensamiento de la nación, están obligados a encontrar, mediante el trabajo y la audacia organizativa, la flexibilidad y la oposición constante a la burocracia y la corrupción, los medios que hagan posible salvar al pueblo de sus graves problemas. 

 Se lo dejo a los especialistas, pero no creo que hay que esperar a que el gobierno tenga los dineros para estas soluciones y sí las aperturas, la eficiencia, la voluntad, la inclusión, la inteligencia para mover la economía del sistema socialista. Es decir:  la estatal, la privada, la mixta y la cooperativa, movidas y tenidas en cuenta por sus eficiencias y no por los deseos de algunos. 

 Tales pasos debieran estar acompañados por un espíritu grande de libertad que amplíe la participación y agrande la esperanza en un régimen de derecho, en un país de derecho. No una cosa primero y la otra después. En equilibrio. Todo junto en el desarrollo de la nación. Sin miedo, sin tonterías, sin ingenuidades, con la participación de todo el que pueda aportar a la tarea de sobrevivir en nuestros empeños. Intelectuales y especialistas, pero también la gran masa de ciudadanos que ha sufrido, sufre y por ello atesora una invaluable experiencia. 

 Es la hora de la democracia popular, del diálogo y la discusión abierta.  No caben hoy las posiciones elitistas, ni racistas, ni discriminatorias de ningún tipo. Si alguna vez ha sido «con todos y para el bien de todos», es ahora.

(Tomado de Segunda Cita)

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