Manuel Juan Somoza/La Habana
Hasta la expresión tradicional de que “el año que viene todo será mejor” desapareció del léxico cubano en los finales de 2024. Ni siquiera las autoridades se arriesgaron esta vez a adelantar el vaticinio, como hicieron en años anteriores.
Igual ausencia se registró con el cerdo criado en la isla, plato fuerte tradicional de las familias cubanas en las festividades navideñas, cuya producción está deprimida desde hace años.

En tanto, los apagones fueron persistentes desde el centro hasta el oriente del país debido a la inconsistencia crónica del servicio electro-energético nacional por la vejez de las termoeléctricas, roturas constantes y dificultades en la obtención de combustibles.
Con tal cierre de año, los 12 meses que quedan por delante pueden ser otro compendio de calamidades, con tendencia a agudizarse cuando Donald Trump asuma el mando de Estados Unidos en pocos días y aumente las presiones económicas sobre el país caribeño, como han adelantado voceros de su entorno.
“Esa es la causa principal” de la crisis multiforme que atenaza a la isla desde hace más de tres años, reitera el gobierno, al tiempo que desde diversos flancos al interior del país se cuestiona la efectividad de las políticas en curso para administrar la crisis y las sanciones.
Solo crecen las polémicas
Reportar diariamente la crisis cubana suele agotar, pero “vivirla cada hora de cada día más que agotar deprime hasta un punto difícil de explicar”, dice Rogelio Díaz, de 65 años de edad.
El argumento de Díaz no es exclusivo y crece en la medida que se ahondan las diferencias entre lo que las autoridades aplican para sobrepasar la crisis y sus resultados en los bolsillos y a la hora de desayunar, almorzar o cenar.
Quizás por ello la polémica es lo único que alcanza y sobra. El más reciente de esos debates desborda las redes sociales, las plataformas académicas y gira en torno a la decisión del gobierno de volver a controlar las importaciones y el comercio mayorista que realiza el incipiente sector privado.
Labor que de la noche a la mañana ha enriquecido a unos cuantos empresarios y ha logrado suplir de alimentos básicos a los cubanos, aunque a precios inalcanzables para muchos, dejando a la vista otra de las realidades del momento: las diferencias sociales que se acentúan en el país.
“Es lo correcto”, dicen los que apoyan la medida
Está por verse el efecto de la nueva decisión de control, pero el temor generalizado es que disminuyan los alimentos que los privados comercializan burlando incluso las sanciones de Estados Unidos ante la inefectividad de las cadenas de tiendas estatales, y que los precios aumenten todavía más.
La nueva fórmula de control estatal “puede que esté encaminada, por encima de todo, a combatir la concentración de riquezas (…) No obstante, la vida demuestra que decenas y decenas de personas, aplicando su intelecto para buscar soluciones a los problemas, suelen ser más eficientes que unos pocos burócratas sentados en el buró de un ministerio cualquiera”, considera el doctor en Ciencias Económicas Omar Everleny Pérez.
En contraposición, el economista Omar Labañino, uno de los agentes de la inteligencia cubana excarcelados por el presidente Barack Obama como parte del denominado “deshielo entre Washington y La Habana”, quien ostenta además el título de Héroe de la República de Cuba, dejó entrever el trasfondo político de la decisión en un reciente programa televisivo.
“Obviamente si la embajada de EU se toma el trabajo y el esfuerzo de criticarnos tanto es porque algo estamos haciendo bien. Y lo estamos haciendo bien porque es el camino correcto (…) No vamos a dejarnos que tergiversen nuestra realidad. La realidad cubana es diferente a la del resto del mundo. Nuestro socialismo es nuestro, es propio. Y no podemos copiar modelos y mucho menos modelos capitalistas”, dijo.


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