Por Jorge Bacallao Guerra/La Habana
El advenimiento de un nuevo año suele revolver los estados de ánimo y las emociones de la gente. Comienza a todos los niveles una valoración del año que fenece: aparecen listas de los deportistas más destacados, de las mejores películas y de los más trascendentes acontecimientos geopolíticos. Hay quien a nivel personal le pasa revista a los lugares que visitó, a sus logros en el fitness, a los amigos que se le han ido o a lo que avanzó en el periplo de conseguir el pasaporte español. Hay quien no tiene nada pero se permite celebrar que sus hijos están sanos y hay quien tiene acceso a casi cualquier capricho que se le antoje, incluso sin tenerlo que pagar, pero le reconcome las entrañas la exigua lista de aquellos otros caprichos que no se puede permitir.
Llega también la inevitable tarea de preguntarse que trae el año entrante. Dile al destino en dónde te ves dentro de un año, y observa al destino revolcarse de la risa. En Cuba, tranquilamente puedes cambiar «año» por «semana» en la frase anterior y sigue funcionando. Se nos enreda la pita a los que vivimos aquí, en el país en donde más disparatados son los planes de futuro. Aquella mariposa del efecto, que si aletea en Brasil podría generar un tornado en Texas, puede darse el lujo de aletear al descuido, desganada, que si el aleteo es, pongamos, en La Calzada de 10 de Octubre, fácilmente tumba el Sistema Eléctrico Nacional, le sube el precio al pollo y deja sin recoger la basura en todas partes.
Mientras tanto, yo me he propuesto como metas preservar a toda costa mi buen humor, mi tolerancia a las malas noticias, y mi capacidad de asombro. Empeño duro este último, con las cosas que uno se encuentra día a día. A modo de ilustración, un par de ejemplos de la semana pasada: la celebración en Camagüey durante un apagón de un match de la Serie Nacional de Boxeo, y anuncio en las redes de un pequeño negocio que por la suma adecuada, te hacen desde tu tesis de Maestría hasta los trabajos prácticos de tus hijos, con discreción garantizada y con la garantía de que va a parecer que lo hizo el niño.
A finales del año pasado nos dijeron que este año iba a ser mejor. Con lo que llevamos hasta ahora, si eso es verdad, en estos últimos 10 días de diciembre va a empezar a salir petróleo por las pilas y vamos a ver aguaceros sostenidos de billetes de 100 euros. O bueno, tal vez la cosa es que 2025 va ser mejor, pero mejor que 2026.
Hace años que no me interesan las primicias gubernamentales de primera mano, pero no he podido evitar enterarme del último manojo, que promete entre otras cosas una tasa de cambio flotante para el dólar. Suerte la de esa tasa, que va a flotar, en un país que a final de año se percibe hundido en cada renglón que se analice. Cuesta trabajo entrarle al año nuevo con esperanzas y motivación, pero aun así, la mayoría de los cubanos va a encontrar motivos para reunirse, comer en familia, tomar algún trago de lo que se pueda y tal vez jugar un poco de dominó para esperar el año. Lo bueno del dominó es que por mal que te haya ido en una data, a la siguiente «das agua» y empiezas de cero. Lo malo del año es que lo empiezas con las mismas fichas que el año pasado, en nuestro caso, con 10 dobles 9.
A riesgo de parecer que me pongo en modo autoayuda, no puedo dejar pasar el último sábado del año en mi columna para aconsejar: No dejes de hacer planes, de pensar en grande, ni de tratar de avanzar, que lo peor que puede hacer el que se pierde en el bosque es dejar de caminar. Dale lo mejor de ti a tus seres queridos, que mañana se pueden ir lejos, o puedes ser tú quien se vaya.
Escoge tu causa y haz tu parte. Juzga menos y empatiza más. Alecciona menos y trabaja más. Moléstate menos con ese conocido que puso algo en Facebook que no te gusta. Aléjate algunas veces de tus cámaras de eco y escucha un poquito al que piensa diferente. Estar de acuerdo con alguien no significa pensar igual en todo. La unanimidad absoluta viene con trampa siempre.
No tomes ninguna decisión en pleno arrebato terminal de encabronamiento. No es necesario salirle al paso a todo lo que leas. En definitiva, cuando vas por la calle y ves alguna casa con el letrero de «Se Vende», tú no vas a decirle al dueño que a ti esa casa no te interesa. De esa misma manera, no te vuelvas policía de opiniones y deja pasar lo que no te guste. Si la cosa es tan grave que no te puedes controlar, en privado entonces.
El año va a llegar quieras o no, así que esfuérzate en sacarle provecho. Sé realista: sueña, pero con el despertador puesto. Mantente alerta, que lo grave no es la inflación, sino la infladera. Abraza a tu gente. Feliz año nuevo.
(Tomado de La Joven Cuba)


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