Manuel Juan Somoza/la Habana
Cálculos independientes estimaron en 300 mil los cubanos que respondieron al llamamiento del presidente Miguel Díaz-Canel y el viernes 20 de diciembre marcharon ante la embajada de Estados Unidos en La Habana para condenar la “guerra no declarada” de ese país contra la isla.
Oficialmente, habrían sido entre 500 y 700 mil las personas que siguieron a pie al gobernante así como a a Raúl Castro y a José Ramón Machado Ventura, representantes de la generación que tomó el mando del país tras el triunfo de la revolución en 1959 y mantuvo el rumbo que prosigue.
Castro y Machado, ambos con más de 90 años de edad, dejaron a un lado su retiro político y se hicieron presentes en la protesta, a la que se unieron aquellos que tienen la responsabilidad de dirigir a la Nación y muchos de quienes critican las políticas en curso para enfrentar la crisis.
Para observadores, la marcha “no alcanzó la masividad compacta” de las que se registraron en el mismo Malecón habanero cuando Fidel Castro iba al frente.
Sin embargo, hayan sido 300 o 700 mil los que marcharon en momentos en que la desidia, la corrupción y la desesperanza rondan, es una demostración de capacidad movilizativa y fuerza política, y al mismo tiempo reiteración de ese misterio de unidad crítica que parece vigente en la isla.
¿Fue esa demostración de fuerza otro enigma a descifrar por los sociólogos? ¿Es una ilusión propagandística?. ¿Reaccionará así la mayoría de los cubanos llegada la hora de volver a las trincheras ante una agresión directa del Norte?
En la protesta se demandó una vez más el fin de la política de sanciones reforzadas por Donald Trump desde su mandato anterior, mantenida casi sin cambios por el presidente Joe Biden, y se solicitó al mandatario saliente en enero la exclusión de Cuba de la lista de países presuntamente “patrocinadores del terrorismo”.
Estar en ese listado satánico implica una persecución permanente de todas las transacciones comerciales y financieras de los cubanos. “Vivimos al día”, decidiendo dónde utilizar las pocas divisas que tenemos y viviendo después “la odisea” de concretar los pagos, ha dicho Díaz-Canel.
Fue en ese contexto en el que se movilizaron en La Habana 300 o 700 mil cubanos con visiones diferentes de cómo se administra la crisis, pero con una disposición similar de condena a la política de sanciones de EU y de respaldo al rumbo trazado a partir de 1959. ¿Fue esa una actitud suicida de quienes no quiere dar su brazo a torcer? No lo tengo claro, el mío es un país de rumba, gozadera y enigmas, pero el hecho cierto es que ese viernes mucha gente dejó a un lado las penurias, volvió a tomar la calles y protestó ante la embajada de EU, que solo mantuvo en su interior a un mínimo de personal de servicios.básicamente empleados cubanos, mientras un cordón de policías, también cubanos, protegía la sede diplomática.


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