Pedro Monreal
Con independencia de lo que se diga y de lo que se haya hecho, en 2024 no se avanzó en reimpulsar la economía ni en la estabilización macroeconómica de Cuba. Hay estanflación y continúa deteriorándose el nivel de vida de los hogares.
No se reimpulsa la economía si esta ha decrecido en 4 de los últimos 6 años y si el valor a precios constantes del PIB en 2024 fue inferior al de 2019 y se han experimentado los efectos de un sistema electroenergético disfuncional.
La economía no se “reimpulsa” cuando se reconoce que se estropeó la “locomotora” turística debido a que “perdió competitividad” y no parece que exista a la vista otra actividad líder que la reemplace.
No hay estabilización macroeconómica cuando el déficit presupuestario en 2024 se mantuvo en el rango de 10 a 12% del PIB que ha existido en los últimos 4 años, en un nivel que lo hace el segundo mayor déficit fiscal del mundo.
No puede haber macroestabilización si el Banco Central de Cuba “cubre” con emisión monetaria un déficit fiscal muy alto, a pesar de que esa liquidez monetaria no cuenta con respaldo de oferta de la economía real.
No es posible hablar de estabilización macroeconómica con inflación oficial de dos dígitos. En octubre de 2024 el índice general de precios al consumidor había registrado un aumento interanual de 28% y el índice del precio de los alimentos había crecido 33,3 %.
No se justifica decir que se avanza en la estabilización macroeconómica cuando las tasas oficiales de cambio (1:24 y 1:120) están sobrevaluadas.
No es cierto que se mantenga “la premisa de no hacer nada que pueda afectar más el nivel de vida de la población” si se ha registrado una compresión rápida y brutal del porciento que representa la remuneración a trabajadores, pasando de 46,3% del PIB en 2020 a 18,8% en 2023
Pudiera conducir a un callejón sin salida declarar que “es un reclamo de la población regular los precios de los productos agrícolas, cuestión que es facultad de los Gobiernos locales”, ignorando el reclamo de los productores respecto a condiciones para ofertar.
Asumir que esencialmente la regulación de los precios agropecuarios no es una función del mercado, sino que es “facultad” de burocracias locales revela una propensión voluntarista de la gestión pública que no es validada por la propia experiencia del país.
Es una notoria incongruencia que se declare en un mismo discurso que funcionarán “esquemas de dolarización parcial” en determinadas actividades al mismo tiempo que se afirma que “se ratifica la política del Gobierno de avanzar en la desdolarización de la economía”.
Roza la superchería económica pensar que puede pasarse a alguna variante de régimen cambiario flexible (todavía no aclarada) y que esta funcione adecuadamente sin haberse alcanzado primero la estabilización macroeconómica.
Se desacredita el relato oficial de que la empresa estatal es “el actor primordial de la economía cubana” cuando se pospone por enésima vez la aprobación de la ley de empresa, inicialmente prevista para julio de 2022 y ahora se anuncia que sería en diciembre de 2025
Se menosprecia el sentido común de las personas cuando en ausencia de una autocrítica gubernamental equilibrada y detallada se suelta aquello de que “si bien se muestran resultados, no se ha avanzado lo necesario”.
(Tomado de la cuenta X del autor)


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