Por José Luis Perelló Cabrera/La Habana
Las relaciones comerciales entre Estados Unidos y Cuba han transitado durante los últimos sesenta años por un camino plagado de obstáculos, restricciones, convergencias y divergencias, donde el turismo, como principal símbolo de la movilidad y el comercio entre personas, ha sido un espejo, marcando las trayectorias de las políticas impuestas por los alternos gobiernos demócratas y republicanos respecto a la Isla.
Es bien conocido que Estados Unidos ha jugado y sigue jugando un papel clave en la economía de Cuba, a pesar de las restricciones y regulaciones impuestas por la primera Administración de Donald Trump, las cuales han sido continuadas por la administración demócrata de Joseph Biden.
El clima de distensión en las relaciones entre los gobiernos de Washington y La Habana durante 2015 y 2016, al final del segundo mandato del presidente Barack Obama, estimuló el crecimiento del flujo de visitantes extranjeros a Cuba procedentes de los principales países emisores, en particular de Estados Unidos, lo que desencadenó un incremento en el número de arribos a partir de 2016.
El número de visitas de cubanoamericanos a la Isla se mantuvo estable hasta 2015, con perspectivas de un aumento como resultado de las políticas de la Administración Obama que liberalizaron los viajes de los cubanos a su país de origen, eliminaron los límites a las remesas y permitieron ciertos pagos a personas físicas. Ello también condujo a un aumento de los alquileres en casas particulares para viajeros procedentes de Estados Unidos.
El inicio de la administración republicana de Donald Trump en enero de 2017 estuvo acompañado de una nueva fase de restricciones y una previsible disminución del turismo internacional hacia Cuba. No obstante, fue en los años 2017 y 2018 cuando Cuba exhibió los mejores resultados en llegadas de visitantes internacionales.

A pesar de una serie de factores exógenos negativos a partir de septiembre de 2017, el año cerró con 4 millones 689 mil visitantes, un incremento del 16,2% con respecto al año anterior. Las llegadas internacionales en 2018 totalizaron 4 millones 732 mil visitantes, la cifra más alta registrada por Cuba desde el inicio del desarrollo de su sector turístico. Ese año visitaron la Isla 620 mil 676 cubanos en el exterior y 638 mil 360 ciudadanos de los Estados Unidos [1] , lo que representó el 27,5% del total de visitantes internacionales.
A partir del segundo año de su mandato, el presidente Trump impuso un endurecimiento radical de las sanciones contra la Isla con más de 240 nuevas medidas, entre ellas la prohibición de la entrada de cruceros desde Estados Unidos en junio de 2019 y restricciones a los viajes y las remesas de los cubanoamericanos a su patria. También impuso sanciones a varias empresas extranjeras que comerciaban con Cuba e incluyó al país en una lista de Estados Patrocinadores del Terrorismo (SSOT), lo que prácticamente cerró la mayor parte de su acceso a los bancos y mercados internacionales.
En este escenario, el transporte aéreo entre Cuba y EE.UU. experimentó en 2018 una reducción del 18,3% respecto a 2017, totalizando 11.704 vuelos, 2.620 menos que el año anterior. Las principales causas de esta contracción fueron las nuevas políticas de la Administración Trump sobre los viajes a Cuba. En octubre de 2019, el Departamento de Transporte anunció la suspensión de todos los vuelos de aerolíneas estadounidenses desde EE.UU. a aeropuertos cubanos, excepto al Aeropuerto Internacional José Martí de La Habana.
Entre 2019 y 2020, Cuba sufrió el mayor impacto de las sanciones y restricciones de Trump, entre ellas la activación del Título III de la Ley Helms-Burton a partir del 2 de mayo de 2019; la incorporación de Cuba a la lista de países que «no cooperan plenamente con los esfuerzos antiterroristas de Estados Unidos»; la adición de 211 entidades a la Lista de Entidades Cubanas Restringidas, y más hoteles prohibidos para viajeros estadounidenses, entre otras medidas, que la administración demócrata de Joseph Biden no revirtió.
En marzo de 2020, a raíz de la pandemia de COVID19, el gobierno cubano ordenó el cierre total de las entradas al país, medida que muchos otros países tomaron ante una de las pandemias más peligrosas de la historia. Incluyó el cierre de los hoteles y otras instalaciones turísticas, lo que provocó el éxodo de casi 10.000 trabajadores de la industria del turismo que buscaron otras formas de empleo e ingresos, incluida la emigración. Esta abrupta pérdida de personal calificado ha afectado considerablemente la calidad del servicio en hoteles y otras instalaciones turísticas.
Una medida adicional, esta vez tomada por la Administración Biden, que entró en vigor en julio de 2023, fue una restricción del Sistema Electrónico de Autorización de Viaje (ESTA) bajo el Programa de Exención de Visa (VWP), que permite a los ciudadanos de 42 países ingresar a EE. UU. por negocios o turismo para estadías de hasta 90 días sin necesidad de visa.
El gobierno de Estados Unidos resolvió que aquellas personas que habían viajado a Cuba violaban los requisitos de entrada a Estados Unidos bajo el programa ESTA y debían solicitar una visa en un consulado estadounidense.
Esto redujo significativamente el turismo europeo y latinoamericano a Cuba, pero también los viajes a Estados Unidos de residentes cubanos con pasaportes europeos, principalmente españoles, para visitas familiares, así como para traer a Cuba productos, en particular alimentos y medicinas exentos de derechos de aduana, para los florecientes negocios privados, así como para traer remesas de efectivo para familiares y amigos. Efectos adversos sobre el turismo, el comercio minorista y las remesas familiares.
En esta breve síntesis se evidencia que diversos factores han incidido en esta caída de los arribos a Cuba en los últimos tres años, y todo indica que se trata de una tendencia que no será fácil de revertir. Cuba se encuentra sumida en una profunda crisis económica provocada por la disminución de la producción interna a partir de la pandemia, una crisis interna multisistémica y el impacto del recrudecimiento de las sanciones por parte de Washington. A ello se suman los devastadores impactos sufridos como consecuencia de eventos climáticos y meteorológicos de huracanes y terremotos.
En este complejo escenario, de enero al 31 de octubre de 2024, el número de cubanos residentes en el exterior que viajaron a la Isla descendió un 17,8% en comparación con igual período de 2023. En el caso de los cubanos residentes en EE.UU., la caída fue del 19,2%. En el período enero-octubre visitaron la Isla solo 244.116, muy por debajo de los 513.657 cubanos residentes en el exterior que lo hicieron en igual período de 2019. El mercado estadounidense aportó 118.038 viajeros, muy por debajo de los 452.835 registrados entre enero y octubre de 2019. Esto representa una caída del 74% en el período analizado. Hoy los viajeros procedentes de EE.UU. son menos de la mitad de los que visitaron la Isla hace cinco años.
Los cubanos en el exterior, principalmente los que residen en Estados Unidos, prefieren viajar a Punta Cana o Cancún e invitar a sus familiares en Cuba, en lugar de vacacionar en Cuba con sus familiares alojados en hoteles cubanos. Datos de la Dirección General de Migración de República Dominicana informan que en el período enero-septiembre de este año, 80,101 cubanos vacacionaron en ese destino caribeño.
La meta de más de tres millones de turistas para Cuba en 2024 es imposible de cumplir. El año probablemente cerrará con una cifra inferior a los 2,4 millones de visitantes que llegaron en 2023. El escenario no puede ser más complejo: el recrudecido bloqueo estadounidense sigue intacto, pero ahora con una variable de mucho peso: si la nueva administración republicana cumple sus promesas de campaña, el período 2025-2029 será aún más difícil, lo que presagia una Década Perdida para el turismo cubano. Por tanto, el futuro del país dependerá únicamente de su capacidad para impulsar el desarrollo económico por otras vías.
[1] El servicio de inmigración cubano clasifica la nacionalidad de los recién llegados según su pasaporte: los cubanos de ultramar son aquellos que entran con un pasaporte cubano, independientemente de otras nacionalidades, mientras que los que entran con un pasaporte estadounidense son pasajeros de Estados Unidos. Esto subestima el número de viajeros cubanoamericanos, ya que aquellos nacidos en países extranjeros entran con el pasaporte de esa nación.
(Tomado de Cuba y Economía)


Deja un comentario