Carlos Batista/La Habana
En estos días de apagones, basura en las esquinas, e inflación galopante, circulan en las redes y en los corrillos, historias entretejidas, las cuales atribuyen a rusos y chinos la posible salida de esta crisis.
Esas versiones tomaron mucha fuerza después del triunfo de Donald Trump en las elecciones de Estados Unidos, y la proximidad de su toma de posesión.
Es difícil concebir que los cubanos podamos andar solos por el mundo, sin que alguien nos cobije, proteja, ayude, guie.
Nacimos como nación siendo colonia de España, pasamos al control de Estados Unidos en 1998 y cuando parecía que andaríamos con pie propio, llegó la Unión Soviética, en 1961.
Tras el “desmerengamiento” de la URSS en 1990, llegó el benefactor Hugo Chávez con el petróleo venezolano y la contratación de miles de médicos, para salvarnos, al menos el trasero, del fuego del Periodo Especial.
Ahora no tenemos protector y las cosas andan más mal que nunca, por lo que muchos comienzan a especular sobre un posible padrino.
Raúl Castro recibió hace pocos días al Comisario General Wang Xiaohong, y eso desató la trama del cordón umbilical chino.
Otros han armado una verdadera serie de muchos capítulos, para explicar, no sin coherencia, el próximo desembarco ruso en Cuba, lo que algunos simplifican como el retorno de los rusos.
Quizás olvidan que entre 1961 y 1990 eran soviéticos y comunistas, mientras que ahora son rusos y capitalistas.
No tengo detalles verídicos, pero si es seguro que no regresa el Gran Hermano a ayudar, sino, en todo caso, el amigo a hacer negocios ventajosos para los cuales hay que crear condiciones legales y económicas.
En un reciente artículo, el profesor Juan Triana sostenía las causas fundamentales de los problemas actuales de Cuba:
“Son múltiples las causas, algunas ajenas y externas —como las limitaciones que impone el bloqueo— pero otras no, y esas están asociadas a errores de gestión, de conducción y, sobre todo, a la falta de decisión en asuntos que, al menos en teoría —los Lineamientos, la Conceptualización—, estaban aparentemente consensuados”.
Y en este sentido coinciden muchos académicos, reunidos en estos días en La Habana, los que muestran al gobierno las vías reales, no fáciles, pero ciertas, de salir de la crisis actual.
No es el osito Micha ni el médico chino, es Liborio quien tiene la solución. Y el tiempo es ahora.


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