Esto es otra cosa”, considera sobre Cuba un viejo amigo

Manuel Juan Somoza/La Habana

“El Partido Revolucionario Cubano” murió con Martí y el Partido Comunista de Cuba (PCC) lo hizo con Fidel, esto es otra cosa”, comentó un viejo amigo que ha vivido la revolución intensamente.

Combatiente del Movimiento 26 de Julio, teniente del nuevo ejército en 1960 tras la caída de la dictadura de Batista, fundador de la Seguridad del Estado y del PCC, mi amigo, cuyo nombre me reservo, no suele opinar ni en las redes sociales ni en la cola del pan.

Su razonamiento fluyó mientras intercambiábamos sobre las diferencias que se ahondan entre el discurso oficial y el acontecer callejero y como para honrar su estilo de vida hizo una puntualización necesaria.

“Esto lo dije en el núcleo del partido (zonal), lo argumenté y lo mantengo”, agregó y reconoció que un planteamiento de ese tipo suele costar caro, aunque se haya hecho en el lugar indicado, como suele decirse todavía.

Desde entonces, no he dejado de darle vueltas a esa afirmación, salida de la honestidad de un cubano octogenario que todavía cree en la necesidad de la revolución, pese a saber que ni su historia personal ni sus observaciones impactarán en la vida nacional.

Se nos va, por suerte, otro año muy duro

Diciembre siempre ha sido para mí un mes muy especial, quizá porque me recuerda una niñez rodeada de bondades con la mística de los Tres Reyes Magos incluidos.

Aun asi me ha tocado vivir unos cuantos diciembres duros. Aquí, movilizado en armas unas cuantas veces, en Argel viviendo en silencio absoluto los funerales de Houari Boumendie, obligados Vivian (mi compañera de más de media vida) y yo, corresponsales entonces de Prensa Latina, a anticiparle a La Habana lo que vendría.

Este mes volverá a reunirse la Asamblea Nacional para hacer recuentos, sabedores todos de que la economía sigue su caída en picada. Este mes concluirá otro año de crisis para el país, que en lo personal ha sido tremendo por complicaciones de salud.

Pero es diciembre y Vivian y yo haremos todo los posible a fin de honrarlo y reforzar ánimos, aunque la afirmación de mi amigo persista en acompañarnos.

No fui capaz de suponer cuatro décadas antes que llegaría un momento en que la edad -la ancianidad, tremenda palabra esa- me obligaría a replantearme la vida y ya con 79 años debo hacerlo.

Y junto a ese replanteo natural llega otra pregunta. ¿Cómo vivir lo que me queda en el convento en esta Cuba tan distinta de la que también soñé y defendí como mi amigo y otros muchos cubanos?

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